
La información que han devuelto ha resultado muy valiosa, pues parece demostrar que la energía de las auroras boreales procede de partículas cargadas del sol que fluyen como una corriente a través de campos magnéticos que conectan la atmósfera superior de la Tierra con nuestra estrella.
La energía que desprenden esas partículas se hace visible a través de un despliegue de luz y color, según el investigador de la Universidad de California Vassilis Angelopoulos.
El pasado mes de marzo, los satélites de Themis detectaron una aurora boreal sobre Alasjka y Canadá y durante las dos horas que duró el espectáculo midieron los campos magnéticos y la partículas que flotaban en el espacio.
Para sorpresa de los científicos, la tormenta geomagnética que alimentaba la aurora recorrió 400 kilómetros en sólo un minuto. Angelopoulos estima que la energía que liberó la tormenta es equivalente a un terremoto de 5.5 grados.
La tesis de los campos magnéticos existía desde hace tiempo, pero el fenómeno no había sido confirmado hasta esta investigación. La aurora boreal suele tener lugar entre septiembre y octubre, y de marzo a abril. Su equivalente en latitud sur, la aurora austral posee propiedades similares.
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