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12 de agosto de 2012
Investigan la quema de tres coches de madrugada en La Manga
8 de agosto de 2012
Rescatan a tres pescadores en La Manga y a un niño en Cabo de Palos
El oleaje y viento de Levante llevaron a Protección Civil a izar la bandera roja en cinco playas de la vertiente mediterránea en La Manga y Puntas de Calnegre para prohibir el baño
El oleaje y viento de Levante no solo llevaron ayer a Protección Civil a izar la bandera roja en cinco playas de la vertiente mediterránea en La Manga (Cartagena) y Puntas de Calnegre (Lorca) para prohibir el baño. También obligaron a equipos de emergencia del Ayuntamiento de Cartagena y la Comunidad Autónoma a movilizarse para sacar del agua a un niño de doce años en un acantilado de Cabo de Palos y a tres pescadores aficionados en la playa del Galúa, en La Manga.
5 de junio de 2012
El hipotético túnel tendría que pasar a unos 40 metros bajo el Mar Menor
La laguna se hunde 3,8 milímetros cada año por un leve movimiento vertical, según los estudios geológicos
05.06.12 - 01:01 -
M. BUITRAGO | MURCIA./ la Verdad
Las características del subsuelo y la existencia de una subsidencia (un movimiento descendente de 3,8 milímetros al año) pueden condicionar la construcción de un túnel submarino en el Mar Menor para enlazar La Manga con San Javier, como proyecta el Gobierno regional. Para tener seguridad y estabilidad, el subterráneo tendría que perforarse a una cota de 40 metros bajo el nivel del mar, según ha explicado Tomás Rodríguez Estrella, profesor titular de Geodinámica Externa e Hidrogeología de la Universidad Politécnica de Cartagena, autor de un trabajo sobre la geología de la laguna publicado en 2009 por el Instituto Euromediterráneo del Agua.
9 de agosto de 2010
REGIÓN/ Las vergüenzas de La Manga
Antonio López / La Verdad
Un recorrido por la Gran Vía y las playas pone a la vista problemas que se repiten desde hace años
La escasez de buses y contenedores, los atascos, los malos olores del alcantarillado y la falta de actos culturales y de ocio centran las quejas
Un recorrido por la Gran Vía y las playas pone a la vista problemas que se repiten desde hace años
La escasez de buses y contenedores, los atascos, los malos olores del alcantarillado y la falta de actos culturales y de ocio centran las quejas
Montañas de algas pestilentes, playas llenas de fango y basura, restos de barcos oxidados semihundidos, embarcaciones a motor fondeadas a pocos metros de los bañistas, edificaciones a pie de playa y continuos atascos a la entrada y salida vuelven a enturbiar este verano las vacaciones de los miles de vecinos y turistas en La Manga del Mar Menor. La retahíla de deficiencias trasladadas por los lectores a 'La Verdad' y comprobadas por este diario a través de un fotógrafo y un redactor se combina, en todo caso, con mejoras de servicios e infraestructuras logradas por los ayuntamientos de Cartagena (responsable de los cuatro primeros kilómetros) y San Javier (que se ocupa de los otros quince).
El recorrido por la lengua de tierra que separa el Mediterráneo del Mar Menor empieza en la zona de Las Triolas, en la rotonda de enlace con Cabo de Palos. Ahí se evidencia una de las reiteradas quejas que sigue sin resolverse a pesar del paso de los años: los habituales atascos, que son kilométricos los fines de semana. De las cuatro rotondas previstas por la Comunidad Autónoma y los consistorios para agilizar el tráfico en la Gran Vía, sólo se han hecho dos. Una está precisamente en Las Triolas, pero la glorieta no da abasto en las horas punta.
Edificio fantasma de 38 años
Conforme se avanza hacia el interior de La Manga llega el problema de los accesos a las zonas de baño. En muchos sitios ni siquiera hay calles o caminos para llegar a la arena. La maraña de edificios y terrazas de los bares y chiringuitos apenas deja sitio en algunos tramos para facilitar el acceso a los viandantes, sobre todo a los bañistas con movilidad reducida (como ancianos o personas en silla de ruedas).
El carril bici ofrece una opción de transporte gratuita y saludable, pero en las paradas de autobús cada verano se reproduce el malestar por la lentitud y la escasez del servicio. Además, también se han oído voces críticas con el hecho de que, por ejemplo, los fines de semana no hay autobuses directos entre la ciudad de Cartagena y La Manga.
El bullicio de la principal zona turística de la Región de Murcia contrasta, un estío más, con una hilera de edificaciones a pie de playa que proyecta una fantasmal imagen de soledad. Nadie los habita. Es el caso de un bloque de apartamentos junto al Hotel Doblemar, cerca del puente del Estacio, que lleva 38 años a medio construir.
Hartos de promesas incumplidas, los vecinos ya ni convocan las protestas de otros años para exigir la demolición de un bloque sin más función que ocupar un solar frente al parque de Bomberos. En todo caso, es sólo un ejemplo de la media docena de moles de ladrillo que esperan a ser derrumbadas o a que los constructores y Costas se pongan de acuerdo sobre su futuro.
Otra de las cosas que afea la Gran Vía es la presencia de transformadores eléctricos. Durante el último año, el Ayuntamiento de San Javier ha quitado uno pero siguen destacando los que invaden zonas de paso junto al restaurante Paquebote.
Camino del Estacio, los signos de precariedad aumentan. La renovación de tramos del alcantarillado no evita que algunos días salga un desagradable olor a la superficie. Y, en algunas playas, la acumulación de algas en la orilla ofrece otro baldón higiénico y estético.
Por ejemplo, los vecinos de la Urbanización Las Góndolas tienen que pasar entre enormes montañas de algas secas de casi tres metros para ir a la playa.
Para evitar daños en los arenales, el consistorio dispone de un servicio de recogida manual de las algas pero los veraneantes se quejan de que hay demasiadas algas juntas demasiados días.
En Veneziola, este diario se hizo eco en 2009 del malestar por las montañas de algas y restos de fango. La situación ha mejorado, pero continúa habiendo una insana mezcla de lodos pestilentes, aguas estancadas, basura, botellas de plástico y cristal, tetrabriks, cartones...
Sin edificios culturales
La navegación a motor y el fondeo de embarcaciones junto a las zonas de baño, sobre todo en el área del Mar Menor (en playas como la del Pedrucho) también colea entre los asuntos pendientes de una solución definitiva. Por ejemplo, entre El Estacio y Veneziola hay zonas en las que los bañistas se ven forzados a compartir espacio con yates, pequeños botes y motos acuáticas. A falta de zonas acotadas, la gente navega a sus anchas.
En cuanto al ocio y la cultura, la urbanización masiva no ha dejado hueco para infraestructuras como teatros o auditorios, y la oferta pública de actividades es escasa. Además, en la parte de San Javier esperan la apertura de un pabellón deportivo que se demora.
5 de junio de 2010
Puerto Tomás Maestre/ El otro Puerto Banús

05.06.10 - 00:40 -
MANUEL BUITRAGO mbuitrago@laverdad.es MURCIA.
El proyecto de Tomás Maestre lleva 35 años de polémicas. La pelota vuelve al tejado del Gobierno regional con la sentencia del TSJ
Puerto Mayor nació para agrandar Puerto Menor, con aeropuerto incluido
Tomás Maestre Aznar, uno de los padres de La Manga, para bien o para mal, es un litigante nato, sobre todo si tiene enfrente a la Administración. Puerto Mayor fue una concesión que aprobó un Consejo de Ministros de 1975 cuando en España y parte del extranjero había escaso miramiento hacia el impacto medioambiental de las grandes obras. Desde entonces, el puerto deportivo de invernada con 950 puntos de amarre sigue dando tumbos en los despachos oficiales y en los ámbitos judiciales, desde el Tribunal Superior de Justicia de Murcia hacia el Supremo, y viceversa. La sentencia del alto tribunal murciano, obligando al Gobierno regional a revisar dos actos administrativos que favorecieron esta inversión, es un hito más en esta larga historia en la que aún falta por conocer su desenlace.
Van 35 años, y los que quedan, ya que alguna de las tres partes en litigio -Ministerio de Medio Ambiente, Comunidad Autónoma y empresas de Maestre- recurrirá al Tribunal Supremo, disconforme con este fallo que afecta más a la forma que al fondo de la cuestión, y que se resume en si se tuvo o no en cuenta un informe contrario al proyecto de la Dirección General de Costas. Todo el daño que podía sufrir el Mar Menor ya se lo propinó hace años el canal del Estacio, según opinión casi unánime, por lo que el añadido de Puerto Mayor resulta sobrevenido y ahonda -al menos no ayuda- en las penurias de la laguna. Pero ésta es otra película, ya que el TSJ ha soslayado el debate medioambiental para centrarse en una disputa formal entre administraciones, que sin embargo no está exenta de una colisión política entre dos visiones del mundo. Cristina Narbona, coincidiendo con una sonada protesta de Greenpeace y Anse por tierra, mar y aire, denunció al Gobierno de Valcárcel para exigirle que paralizara el nuevo puerto. (Su sucesora, Elena Espinosa, ni se habría molestado en meterse en este charco). El Gobierno murciano, a su vez, se ha mantenido en sus trece negándose a cambiar sus actos administrativos y defendiendo su validez, a la vez que postula la necesidad de una nueva dársena en esa zona para atender la demanda comercial de puntos de atraque y aliviar de barcos el interior de la laguna.
El tercero en discordia, las empresas de Tomás Maestre, 'dispara' contra todo casi desde el alumbramientos del proyecto, que según los planes iniciales debía estar terminado en el verano de 1982. Empezó pidiendo prórrogas y siguió introduciendo cambios y modificaciones: Desapareció el aeropuerto y cambió de forma sustancial la distribución de los muelles de la dársena, por ejemplo. Recurrió después las medidas cautelares dictadas por el TSJ, que le permitían y permiten terminar el puerto, ya que la sentencia no es firme. En los tres últimos años no ha movido un ladrillo, aunque podía hacerlo, quizás porque quiere el lote completo o quizás porque la crisis ha hundido el mercado para ese mundo de alto standing que iba a rebrotar al abrigo del Estacio.
Entre medias, la Comisión Europea denunció que las obras de Puerto Mayor habían incumplido dos directivas y ponían en peligro el Mar Menor.
El reflejo marbellí
Puerto Mayor se ideó como un complemento de Puerto Menor, situado al otro lado del brazo de tierra y que lleva el nombre de Tomás Maestre. Esta dársena, que ha sido una de las semillas del desarrollismo manguero, ha simpatizado con Puerto Banús Banús, queriendo en cierta forma imitar el emporio marbellí. Tanto es así que el hermano mayor -Puerto Mayor- proyectó inicialmente una pista aérea paralela al contradique del puerto, además de una urbanización y otros equipamientos de ocio sobre terrenos ganados al mar, que no implicaban la cesión del dominio ocupado. Una prevención nada inocente para la Ley de Costas que vino después, que no aceptó ese contrato.
Después de seis años en el Tribunal Superior de Justicia, el asunto ha vuelto donde estaba: la pelota regresa al tejado del Gobierno regional, que es el que debe mover ficha como parte perdedora. Puede acatar el fallo y empezar a revisar las resoluciones de los años 1988 y 2003 que favorecieron el proyecto en dos momentos decisivos, o por el contrario puede recurrir la sentencia ante el Tribunal Supremo. En el primer caso, el Ejecutivo autonómico puede concluir que hay muy poco o nada que corregir, por lo que la dársena se puede terminar, lo que podría dar pie al Ministerio a presentar otro recursos contencioso administrativo, y vuelta a empezar.
Manteniendo la tónica de los último años, está descartado que la Comunidad Autónoma abogue por dinamitar lo construido
MANUEL BUITRAGO mbuitrago@laverdad.es MURCIA.
El proyecto de Tomás Maestre lleva 35 años de polémicas. La pelota vuelve al tejado del Gobierno regional con la sentencia del TSJ
Puerto Mayor nació para agrandar Puerto Menor, con aeropuerto incluido
Tomás Maestre Aznar, uno de los padres de La Manga, para bien o para mal, es un litigante nato, sobre todo si tiene enfrente a la Administración. Puerto Mayor fue una concesión que aprobó un Consejo de Ministros de 1975 cuando en España y parte del extranjero había escaso miramiento hacia el impacto medioambiental de las grandes obras. Desde entonces, el puerto deportivo de invernada con 950 puntos de amarre sigue dando tumbos en los despachos oficiales y en los ámbitos judiciales, desde el Tribunal Superior de Justicia de Murcia hacia el Supremo, y viceversa. La sentencia del alto tribunal murciano, obligando al Gobierno regional a revisar dos actos administrativos que favorecieron esta inversión, es un hito más en esta larga historia en la que aún falta por conocer su desenlace.
Van 35 años, y los que quedan, ya que alguna de las tres partes en litigio -Ministerio de Medio Ambiente, Comunidad Autónoma y empresas de Maestre- recurrirá al Tribunal Supremo, disconforme con este fallo que afecta más a la forma que al fondo de la cuestión, y que se resume en si se tuvo o no en cuenta un informe contrario al proyecto de la Dirección General de Costas. Todo el daño que podía sufrir el Mar Menor ya se lo propinó hace años el canal del Estacio, según opinión casi unánime, por lo que el añadido de Puerto Mayor resulta sobrevenido y ahonda -al menos no ayuda- en las penurias de la laguna. Pero ésta es otra película, ya que el TSJ ha soslayado el debate medioambiental para centrarse en una disputa formal entre administraciones, que sin embargo no está exenta de una colisión política entre dos visiones del mundo. Cristina Narbona, coincidiendo con una sonada protesta de Greenpeace y Anse por tierra, mar y aire, denunció al Gobierno de Valcárcel para exigirle que paralizara el nuevo puerto. (Su sucesora, Elena Espinosa, ni se habría molestado en meterse en este charco). El Gobierno murciano, a su vez, se ha mantenido en sus trece negándose a cambiar sus actos administrativos y defendiendo su validez, a la vez que postula la necesidad de una nueva dársena en esa zona para atender la demanda comercial de puntos de atraque y aliviar de barcos el interior de la laguna.
El tercero en discordia, las empresas de Tomás Maestre, 'dispara' contra todo casi desde el alumbramientos del proyecto, que según los planes iniciales debía estar terminado en el verano de 1982. Empezó pidiendo prórrogas y siguió introduciendo cambios y modificaciones: Desapareció el aeropuerto y cambió de forma sustancial la distribución de los muelles de la dársena, por ejemplo. Recurrió después las medidas cautelares dictadas por el TSJ, que le permitían y permiten terminar el puerto, ya que la sentencia no es firme. En los tres últimos años no ha movido un ladrillo, aunque podía hacerlo, quizás porque quiere el lote completo o quizás porque la crisis ha hundido el mercado para ese mundo de alto standing que iba a rebrotar al abrigo del Estacio.
Entre medias, la Comisión Europea denunció que las obras de Puerto Mayor habían incumplido dos directivas y ponían en peligro el Mar Menor.
El reflejo marbellí
Puerto Mayor se ideó como un complemento de Puerto Menor, situado al otro lado del brazo de tierra y que lleva el nombre de Tomás Maestre. Esta dársena, que ha sido una de las semillas del desarrollismo manguero, ha simpatizado con Puerto Banús Banús, queriendo en cierta forma imitar el emporio marbellí. Tanto es así que el hermano mayor -Puerto Mayor- proyectó inicialmente una pista aérea paralela al contradique del puerto, además de una urbanización y otros equipamientos de ocio sobre terrenos ganados al mar, que no implicaban la cesión del dominio ocupado. Una prevención nada inocente para la Ley de Costas que vino después, que no aceptó ese contrato.
Después de seis años en el Tribunal Superior de Justicia, el asunto ha vuelto donde estaba: la pelota regresa al tejado del Gobierno regional, que es el que debe mover ficha como parte perdedora. Puede acatar el fallo y empezar a revisar las resoluciones de los años 1988 y 2003 que favorecieron el proyecto en dos momentos decisivos, o por el contrario puede recurrir la sentencia ante el Tribunal Supremo. En el primer caso, el Ejecutivo autonómico puede concluir que hay muy poco o nada que corregir, por lo que la dársena se puede terminar, lo que podría dar pie al Ministerio a presentar otro recursos contencioso administrativo, y vuelta a empezar.
Manteniendo la tónica de los último años, está descartado que la Comunidad Autónoma abogue por dinamitar lo construido
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